miércoles, 22 de febrero de 2012

Reencontrándose...


“… Son las doce de la noche: mi hora favorita. Voy caminando por la ciudad sin tener un destino concreto. Me limito simplemente a observar ciertos detalles que en otras ocasiones no vería; pero sobre todo, me gusta dejar vagar la mente hacia zonas vetadas durante el trasiego matinal. Es en este momento cuando me reencuentro conmigo mismo; cuando dejo de ser lo que todos esperan de mí un día más… Deambular por las calles me inocula de esa felicidad intermitente que solamente aparece si tengo la capacidad de plegar la desnudez de mis defectos hacia adentro. Y eso ocurre en determinadas ocasiones, con el tenue perfume de la noche, atravesando mi frágil predisposición a desaparecer por un rato, para reencontrarme más tarde. Porque tengo que admitir que no todas las noches puedo huir de mi rutinaria vida… Acaso un problema… acaso la ineficacia de una idea… acaso una llamada intempestiva… En cambio, cuando todo fluye en la perfecta concreción, nada me detiene. Me proyecto en múltiples imposibilidades existenciales; las hago mías, rozando mis labios con el agua de la (in)(a)moralidad. Abro la veda de la elucubración… Sin embargo, no puedo pasar por alto lo principal: me someto a la peor vergüenza de todas. Esto es, revisar la frontera de mis debilidades y de mis carencias…

Así pues, cuando llega mi hora, ya nadie puede ayudarme… ni en lo bueno ni en lo malo…”