"La mirada, el dibujo y los sentimientos" (2 de 2)
Z. y yo no somos ni amantes ni pareja, pero somos más que eso porque no tenemos ningún tipo de restricción intelectual, sentimental o sexual. Quedamos una tarde en su casa porque nos apetece redescubrirnos… Una vez allí iba a sugerirle ver una película en el sofá, bien acurrucados, pero compruebo que su rostro cambia de tonalidades con el efecto de la luz que entra por la ventana de la cocina. Me sacude un brutal deseo por tocar su piel; toda la piel de su cuerpo… Le pido que se desnude y que se suba a la mesa que tiene al lado; y que adopte, una vez despojada de toda la ropa, la postura más sensual según su criterio (mientras voy a buscar un bolígrafo). Luego aparezco y la contemplo: Z. no existe… un abanico de luces, sombras, oquedades y curvas sinuosas me embriagan. Y siento la necesidad de escribir una palabra en cada recoveco que me llama la atención. A los diez minutos Z. está “tatuada”. Después, con un dedo voy rozando todo su cuerpo, buscando su deseo silente… Le pido una frase a cada mota de placer, y las voy copiando. Acto seguido soy yo el que se desnuda, y le entrego todas las frases; y le pido que recuerde con el tacto cada lugar de excitación. Z. reproduce en mi cuerpo su propio deseo; y al mismo tiempo la extensión de su deseo alcanza mi deseo hacia ella. Entonces, llega el momento en el que puedo escribir el recorrido existente entre la sensualidad y el pos-erotismo desde la conjunción de dos cuerpos y dos mentes en estado de absoluta complicidad…
(Indudablemente terminamos haciendo el amor una vez que la poesía en prosa estuvo terminada… pero eso es otro dibujo que no describiré…)

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