martes, 21 de febrero de 2012

Aires de mujer...


“… Hay dos cosas que he empezado a amar de las mujeres. La primera de ellas es su afán de manipularme. Casi todas las mujeres que han cruzado en mi camino han tendido a manipularme con el afán de conseguir determinadas informaciones. ¿Cómo podría categorizar a semejante acto tan obsceno como bello? Sin duda, la mujer me condena a amarla aunque no quiera. Qué derroche de creatividad silente serpentea entre mis superfluas explicaciones… Nada que ver con el hombre y su visión unidimensional de la realidad…

 El segundo punto es la mentira. Qué poético me parece una mujer mintiéndome a la cara. Es especial cuando la mentira, que busca salvar su dignidad, sacraliza su propia dignidad… porque la dignidad se convierte en un objeto de valor cuando se tiene la conciencia de perder algo muy importante. Y es aquí cuando la dignidad, en su huida… adquiere un sentido inédito… Esa “meta-mentira” merece todos mis elogios. Y espero que en la próxima vida me corresponda ser mujer…”