viernes 27 de enero de 2012

Theo Angelopoulos


Hoy pensaba hablar de otra cosa, pero la inesperada muerte de mi queridísimo Angelopoulos, me ha aniquilado.

Theo, junto a Ingmar Bergman, ha sido uno de mis padres; porque un padre es también aquella persona que enseña a ver la vida con otra mirada. O como certeramente dice una muy buena amiga: se abre otra ventana. Tal vez Angelopoulos fue poco conocido, y tal vez, muchos de los que lo conocían detestaban su cine; sin embargo, para mí era una persona especial, un poeta de las imágenes. De su cámara salieron los mejores versos que jamás he visto en el cine: El poeta que compraba palabras para componer su poema… La compañía de teatro ensayando a lo largo de una playa… La caída del comunismo a través de una maltrecha estatua de Lenin, viajando por un barco… El cine de Angelopoulos no necesitaba de grandes diálogos, ni de grandes interpretaciones. Tampoco necesitaba mostrar muchos detalles para cerrar la lógica de una película. Su cine no caminaba a lomos de un guión; ni tenía la imperiosa necesidad de contar una historia lineal. Más bien todo giraba en torno a una metáfora desglosada en fragmentos casi estáticos.  Sobre la temporalidad de los filmes que llegué a ver, fluía otra cronología “reversible” a través de los actores. Es decir, éstos se despojaban de su identidad o deseaban volver sobre sus pasos para recuperar aquello que quisieron ser y no pudieron. Tal vez Angelopoulos siempre estuvo imbuido por el eterno retorno griego… Como él mismo decía: “Mis películas tratan de los viajes que todos realizamos. Es el problema universal de no tener un lugar”… El viaje del hombre al eje de su existencia… Hasta siempre querido maestro!!!