Me pregunto si existe la persona que me pueda
alejar de Simone, y me asaltan las preguntas: ¿Sería para ella cualitativamente
mejor que yo?: ¿Influiría el peso de la rutinización en el distanciamiento?;
¿En que punto se reconocerían tras superar la fase de exotismo inicial?
Sin duda es una cuestión muy difícil de
predecir en sus distintas vertientes. Sin embargo, no deseo ahora aproximarme a
lo que Simone podría hacer, sino a lo que podría suceder. No obstante, haga lo
que haga no le reprocharé nada, pues su decisión no puede tener una contrapartida
equivalente en mis actos. Estoy y estaré siempre un paso más de Simone. Ella es
parte de mi creación. La síntesis de un descubrimiento y una construcción: 1)
He conseguido comprenderla. Y comprender aquí significa entender lo que hace y
por qué lo hace. Sin mí, Simone sería una mujer al borde del autismo vital. Mi
excentricidad está legitimada por mi inteligencia; en cambio la de Simone
requiere que mi inteligencia compense la acritud del discurso social al cual
debe enfrentarse día a día; 2) Simone tiene mucho de mí; piensa a través de mis
conceptos; siente cosas nuevas porque mis ideas han retroalimentado sus
mecanismos de pensamiento. De un modo u otro, e inevitablemente, Simone regresa
a mis palabras siempre…; 3) Y en esa misma impregnación, he conseguido
condicionarla elevando su mirada sobre las cosas. Su nuevo inconformismo será
la negación de su realidad. Simone me necesitará porque de antemano ya habrá
tenido que descartar a la mayoría de proto-posibilidades… Simone se encarama
sobre mis hombros para poder otear la felicidad… 4) La ausencia de normas la
hace tan libre, que de otra forma tendría continuamente que pensar si sus
deseos y sus deberes como mujer-en-pareja coinciden. Simone sabe que conmigo se
reconstruye una relación continuamente. Todo parte en aceptar, o mejor dicho,
en elegir querer estar conmigo o no, cuando le plazca. No existe la norma ni el
deber…

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