viernes 20 de enero de 2012
Simone (15)
Simone tenía novio cuando la conocí (sería muy largo de explicar la razón) Al principio fue muy sencillo: me gustaban sus palabras, aunque en la mayoría de las ocasiones debía desentrañarlas de la superflua semántica de su contexto. Simone no vino a mí; más bien apareció ante mí con otro nombre y con otro rostro. Su silueta carecía de sinuosidades y su mirada respiraba el verdor de la primavera. Simone no existía antes de que mis manos esculpieran su imberbe cuerpo. Y tampoco era una idea previa que deliberadamente quería llevar a cabo. Simone anidaba dentro de un retrato en serie; tuve que arrancar el lienzo para verla como intuía que podía ser desde la primera vez que se cruzó en mi camino. Sin embargo, no entraba en mis propósitos cambiar la inercia de su vida, más que a través de lo que yo mismo podía compartir con ella. Lo cual me permitía liberarme de sufrir los vestigios de novia tradicional. Y al mismo tiempo, otorgarme la ventaja de poder ir colonizando su espacio sin la redundancia de la rutina… De tal forma que la necesidad de verme se imponía sobre la moralidad de las omisiones como respuesta al desdén implícito e inaceptable dentro de los códigos normales de los sentimientos… Al fin y al cabo, era lo que yo deseaba: el esplendor de cada encuentro…
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