Simone y yo hemos decidido alejarnos para
siempre… aunque ella no comprende bien mi razón. No podemos decir que por un
tiempo determinado, porque eso hubiera significado que prolongábamos el tiempo
de caducidad. De hecho, entre nosotros no hemos hablado jamás en esos términos.
Tampoco ha sido una cuestión de decadencia; con toda seguridad no habría dos
Simone en mi vida. Y también puedo decir que no seremos amigos; nuestra
distancia no atenderá a la conservación de un recuerdo. La palabra clave es
“desgarro”. Deseo sufrir la distancia de Simone para tener un motivo al que
aferrarme a la vida. No quiero recordarla, quiero acordarme de ella. Quiero
sentir el olor de su piel después de la despedida, cuando no me quede más que
el consuelo de pensar que sigue ahí... No pienso mitificarla; ni siquiera
albergo la esperanza de volver con ella. Todo morirá como presencia, y
resucitará como dolor, como negación de una segunda oportunidad.
… Mientras me acuerde ti, mi querida Simone,
tendré sangre en mis venas. No deseo que mi vida gire circularmente en torno a
ti hasta que poco a poco se vaya desvaneciendo en el decurso de nuestra
existencia… Quiero palparte hasta la eternidad; sólo así podré ser libre para
sufrir…

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada