jueves 19 de enero de 2012

Simone (14)


Simone y yo hemos decidido alejarnos para siempre… aunque ella no comprende bien mi razón. No podemos decir que por un tiempo determinado, porque eso hubiera significado que prolongábamos el tiempo de caducidad. De hecho, entre nosotros no hemos hablado jamás en esos términos. Tampoco ha sido una cuestión de decadencia; con toda seguridad no habría dos Simone en mi vida. Y también puedo decir que no seremos amigos; nuestra distancia no atenderá a la conservación de un recuerdo. La palabra clave es “desgarro”. Deseo sufrir la distancia de Simone para tener un motivo al que aferrarme a la vida. No quiero recordarla, quiero acordarme de ella. Quiero sentir el olor de su piel después de la despedida, cuando no me quede más que el consuelo de pensar que sigue ahí... No pienso mitificarla; ni siquiera albergo la esperanza de volver con ella. Todo morirá como presencia, y resucitará como dolor, como negación de una segunda oportunidad.

… Mientras me acuerde ti, mi querida Simone, tendré sangre en mis venas. No deseo que mi vida gire circularmente en torno a ti hasta que poco a poco se vaya desvaneciendo en el decurso de nuestra existencia… Quiero palparte hasta la eternidad; sólo así podré ser libre para sufrir…