domingo 15 de enero de 2012

Simone (10)

Hasta ese momento, Simone solamente existía en mi imaginación. Era el deleite bañado en las aguas de la ausencia; ese estado de optimismo vacío, en el cual podía hablar sin ponerme a prueba… Luego un atisbo más allá de Simone surgió de la nada, casi como un haz de luz colándose por una pequeña rendija. Era real, pero al mismo tiempo imaginario. Digamos que era una impresión efímera e impalpable que fusionada con el mito de Simone daba lugar a una idea; o mejor dicho, a la pos-idea de Simone, o a la desmitificación de Simone como irrealidad. Ambos casos daban cuenta de Simone, pero al mismo tiempo ya no era Simone lo que existía como prototipo, sino más bien, la síntesis ideal de la colonización de Simone más la cuota de realidad. Ese crisol, o esa Idea nueva como suma de muchas cosas, tan ficticias como reales, acentuó inusitadamente los silencios errantes de mi interior. En poco tiempo me di cuenta que el pasado regresaba a mí para recodarme los momentos felices. La Idea caminaba hacia atrás y hacia delante, y en ambas direcciones me hizo daño. La Idea estaba situada en el centro del camino; en esa encrucijada que siempre supe resolver. Allí se instaló, y allí me obligó desempolvar las huellas de la experiencia. A través de ella (Idea) pude verme en el mismo lugar donde la mayoría de las veces quise estar. La Idea era una mirada de ojos transparentes que me atravesaba por la parte más bella de la hoja… La Idea me fue destruyendo a medida que era consciente de lo lejos que estaba mi sombra. Sin embargo, la tortura tenía dos caras. Me mataba el pasado y me condenada para el futuro. La Idea sacudió con sutileza mi fragilidad. Me devolvió al pasado para condenarme en el presente mientras oteaba los horizontes. La Idea tendía a sincronizarse con los recuerdos, no para revivirlos, sino para recrearlos bajo una nueva forma que venía a ser una versión renovada. Creó la necesidad en mi yermo pensamiento. Y tan sólo era una Idea, que al fin y al cabo es lo peor de todo… La Idea me ha perseguido para convertirse en realidad: Una Idea sobre la realidad de simples destellos. Así, mientras Simone levitaba sobre un boceto, la Idea miraba por la ventana… La Idea es la musa de mi nuevo sufrimiento; una brizna de curiosidad colgando de mis sentidos; el bostezo de una necesidad tras la duermevela; el deleite crucificado por los matices de la imposibilidad…