Deseo hacer una breve estructura de LA MIRADA:
(“Confesiones de un burgués”, de Sándor Márai)
“El populacho de Montparnasse celebraba la vida como lo celebran en las calles de El Cairo o de Damasco después del mes de ramadán, en la víspera de las fiestas del Bajram, al atardecer; era un populacho constituido por la triste elite mundial, lo mejor y lo peor, prostitutas y genios, grandes artistas y carteristas, filósofos y ladrones, poeta y vendedores ambulantes, cazadores de ballenas y fundadores de ciudades…”
(Mi re-interpretación)
“Las calles se abrían sobre una alfombra de especias. En la esquina el viejo Jean apuraba su último cuadro a unos japoneses que no paraban de sonreír y de agitar la cabeza al ritmo inconsciente del cambullonero, en su eterno cometido por dejar constancia de su presencia. Mientras tanto, una joven de ojos negros hacía de Sarah Bernhardt delante de sus amigas en la pequeña plaza; y un grupo de estudiantes discutía sobre Husserl en medio de la acera y ante el desconcierto varias burguesas que temían por la vida de sus mascotas…”
(La síntesis: Dibujar un esbozo de idealismo. La mirada como pre-realidad)
“Después de todo, la ciudad no era más que el mito de unos cuantos turistas, y el escondite de ciertos artistas escondidos en la apología de sus respectivos fracasos. Lo demás, podía resumirse en un panegírico del pasado ante la falta de perspectiva en el presente… Lo cual no me impedía que aquella mañana me parara delante de un anticuario y de repente del escaparate saliera la imagen de una mujer sentada a mi espalda. Lo fácil hubiera sido comprobar su físico; y también observar si estaba leyendo alguna obra de algún autor de prestigio. Todo eso me interesaba, pero al mismo tiempo me daba igual. Y tenía claro que la probabilidad de que me llegase a gustar era muy pequeña (¡qué dolor las auto-exigencias!) Mi interés se centraba únicamente en su forma de mirar. Desde el primer momento me enamoré de su forma de mirar. ¿A dónde miraba? ¿Qué estaba pensando? ¿Qué problema o recuerdo pasaba por su mente? ¿Qué objeto se vislumbraba ante sus ojos? Jamás lo sabré. Tan sólo puedo añadir que aquella conjunción estética me ha acompañado a lo largo de mi vida. Y no me pidáis explicaciones de la razón; todo está en lo que he escrito hasta el momento…”

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