“Leer y la Mirada”
Sería desmedido señalar que leer es la única
fuente “de la vida y de la muerte”. Tal vez sí pueda decir que sí fue mi
primera ventana hacia el mundo; y a través de aquí el resto de cosas se
desarrollaron progresivamente. Y quizás la pregunta siempre está presente,
incluso para mí mismo: ¿Por qué?
Es complicado poder expresarlo, como también
entenderlo; pero lo intentaré hablando la palabra clave: LA MIRADA. Cuando
leemos a un buen escritor nos deleitamos en el silencio con situaciones que no
aparecen en nuestras vidas. Situaciones ficticias, pero factibles… Es decir, el
escritor nos permite observar el mundo a través de su pensamiento. Ahí se
produce el primer desbarajuste: nuestra realidad se deforma irreversiblemente;
es arrastrada a un campo desconocido que nos encanta. Podemos llamarlo de la
manera que queramos: flechazo, impulso, pasión… Nada puede ser lo mismo ya,
aunque eso solamente lo podemos saber cuando pasamos mucho tiempo observando
desde una posición privilegiada. Digamos que la belleza de las cosas en su
nueva forma se despliega sobre nuestra proto-condición. Mirar se reconvierte en
un pasadizo del cual no podemos regresar de la misma forma. Caminamos a través
de la huella de los predecesores, que nos guía y nos transforma
involuntariamente en otra cosa; con todo el poder que tienen para dañarnos,
para metamorfosearnos y recolocarnos en el punto de partida de nuestra futura MIRADA.
Dicha mirada se aloja en nuestra percepción y nos convierte en exploradores de
la existencia. Lo recibido y lo creado se coagulan en torno al ojo que va
redescubrir continuamente la otredad de la realidad. Herencia y expresión, influencia
y creatividad, lo viejo y lo nuevo… nada volverá a ser lo mismo…

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