"El intelectualoide" (2 de 3)
2) El intelectual tiene implícitamente internalizado el conocimiento en su ego, y no necesita utilizarlo para saber quién es… Además, el conocimiento es una parte más (no prioritaria) en la constitución de su autoestima. En cambio, el intelectualoide no lo tiene internalizado de la misma forma. El conocimiento oscila entre el egocentrismo y la baja autoestima. Y está ahí, delante de sus ojos como recurso necesario y permanente para sus parodias de intelectual. El intelectualoide quiere imitar a un intelectual, y no se da cuenta que esa versión no existe más que en ciertos intelectuales que se solapan en ambos personajes al mismo tiempo. El intelectualoide se comporta como un intelectual metódico y explícito (versión que no existe) para constatar su identidad. Y en ese proceso es cuando transforma el conocimiento en datos intercambiables con su micro-público: los reproduce a cambio de reconocimiento; y con ello, pues extiende un barniz de credibilidad sobre su persona. Si nos fijamos bien, el intelectualoide no comparte una duda o una reflexión inacabada que no logra organizar en su mente. Ni es capaz de decir: ¡no tengo ni idea! Exporta datos como si el conocimiento fuera un ámbito ya cerrado, y él es su portavoz; el gurú que las micro-masas esperaban como el Mesías… Y sabe bien cuando sus reflexiones, como ecos de los datos, pueden ser expresadas. El intelectualoide rara vez se pone en evidencia. Persona de semblante impenetrable que se presenta de forma ecléctica en sociedad… (continúa)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada