Pienso que la sensualidad debe contener ciertas dosis de “hijoputismo”. Y me refiero con “hijoputismo” a una actitud una tanto incierta que “debe” estar presente como ausencia necesaria para la inoculación del último interés; de ese interés que borra la duda de la última sincronización. Parece una forma de actuar sencilla, pero no lo es en absoluto. El “hijoputismo” requiere calma; no dar muestras de inquietud. El “hijoputismo” tiene que esconderse y aparecer como una opinión personal sobre quien lo sufre. Es decir, la víctima del “hijoputismo” no puede ver más que un desarraigo hacia su persona, un desdén, un alejamiento por desidia, una factible indiferencia… El “hijoputismo” es un proceso y un meta-proceso que requiere de varios elementos. El emisor, el receptor del “hijoputismo”, la “acritud” de una actitud, que bien puede ser a través de palabras, como de silencios o ausencias… El “hijoputismo” es la búsqueda de la incertidumbre adecuada a cada momento; por eso lo denomino meta-proceso. Es un proceso que revive en cualquier momento en la relación entre dos personas. Si bien, es más perceptible en los inicios, cuando las necesidades y el interés se coagulan en torno a una posibilidad. El “hijoputismo” es un proceso de vaivén de receptor a emisor, y viceversa. En el inicio, uno busca quitar; el otro no perder la calma… Después comienza el juego de oscilaciones. Puede que el receptor desee ser también emisor, y retroalimente el “hijoputismo”. O puede que no, y caiga en la trampa. Puede que “hijoputismo” sea tan predecible como causa-efecto, que tenga el efecto contrario…
En cualquier caso, lo que me llama la atención es la casi imposibilidad de saber por qué el “hijoputismo” es la compensación necesaria al idealismo de las expectativas… El individuo de las cuatro últimas décadas está impregnado de un erotismo mental basado en la conexión interés-incertidumbre-anhelo…

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