martes, 3 de enero de 2012
Mis memorias... (2 de2)
… Y confieso que he disfrutado en cada una de las situaciones. Cuando una mujer lloraba de felicidad, me sentía en paz conmigo mismo. Y también, cuando lloraba de dolor: ese momento me gustaba incluso más, pues me inmortalizaba. Ahora pienso que todo cuanto he hecho ha sido un error; una apología de la más burda de las cobardías, y como no, una pérdida de tiempo. En lugar de haberme sumergido en la inocencia de los afectos, he organizado mi vida desde la distancia, como quien observa el horizonte de una posición privilegiada. ¿Qué conseguido, después de todo? ¡Nada! Ser un coleccionista de experiencias vacías de contenido. Porque el amor, para recodarse como tal, no puede ser de un solo lado. Por consiguiente, debo admitir mi fracaso. La indolencia de la juventud ha sido sustituida por la vacuidad de los recuerdos; por un dolor distinto e inusitado… como una venganza sorda que se inocula en mis gastadas articulaciones: ¡He fracasado, he fracasado, he fracasado…! Y no tendré otra oportunidad para corregir mis errores… Morir en vida es como saber qué es morir estando aún consciente de todo…”
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