lunes, 2 de enero de 2012
Mis memorias... (1 de 2)
“… A mis sesenta años he comprendido, o quizás he asumido, que el placer que he llegado a sentir en la mayoría de mis experiencias amorosas ha estado distorsionado por una serie de caprichos, que bien podría denominar: egoísmo. Me he pasado toda una vida intentando forjar una huella; un rastro indeleble en cada una de las mujeres cuya predisposición hacia mi persona ha sobrepasado la mera cordialidad. Y probablemente lo he conseguido en la mayoría de los casos, pero a costa de sacrificar mi propio deleite hacia ellas.
Y en todo este asunto ha tenido que ver mi ego, mi propensión hacia el envanecimiento. He dedicado ingentes cantidades de energía a crear una imagen de mi persona que me ha servido ulteriormente para que de manera ineluctable, cada mota de sentimiento se estrellara sobre el reflejo de mi figura. Hablando con sensatez: más que buscar una paridad entre ellas y yo, con las virtudes y los fracasos, así como con momentos felices y desgraciados, he intentado desligarme de todo afecto horizontal de ida y vuelta; con el propósito implícito de revestirme de un poder oculto, un poder basado en el mito, en la sutileza llevada al extremo, desde el proceso de encantamiento hasta la más mísera de las despedidas. Y confieso que he disfrutado…
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