viernes, 30 de diciembre de 2011

De New Age y demás religiones...

Me sorprende, pero sobre todo me desconcierta, el “uso” y la “relación” que muchos seguidores del movimiento New Age y demás religiones hacen de los sentimientos. Pienso quede una manera hipócrita (aunque a veces de forma semi-inconsciente), todas estas personas proyectan su conciencia sobre el amor (universal) como si éste fuera un objeto externo y ajeno al propio individuo al que deben ceñirse; en lugar de ser la plasmación y resultado de una conducta metódica e intrínseca a la propia interacción humana. Es decir, establecen una condición sin contexto, y se preocupan principalmente de señalar el camino hacia la “cosa”, como si ésta existiera en sí misma. Pienso que muchas de estas personas “relegan” la honestidad consustancial a sus vidas haciendo una apología a ultranza de un “deber ser” a-histórico en la experiencia cotidiana; y se olvidan de lo más importante: “Ser para sí” en lugar de una mera potencialidad (Ahora bien, establecer en cada caso quién lo hace porque no logra ir más allá en su pensamiento, o por pura hipocresía, es algo que habrá que constatar empíricamente). En este sentido, me opongo rotundamente a las deontologías teológicas, por la sencilla razón de que quieren consolidarse como leyes morales basadas en la impersonalidad del mundo social. La mayoría de sus preceptos están desprovistos de la práctica diaria, del intercambio de percepciones, de la construcción y ruptura de afectos; ni tan siquiera su listado de acciones es previo a la experiencia a-teórica. Ni tampoco es aplicable (en muchos casos) a la realidad. Por ejemplo, un líder político cristiano que invade fríamente países; un maltratador de mujeres que le reza a la virgen; un espiritual ególatra que se siente muy cómodo con sus seguidores… En definitiva, pienso que el “orden” de las sensaciones en la vida cotidiana es la única verdad (contingente) que debemos defender. Lo demás, son generalizaciones abstractas en la que esconden los hipócritas y se apoyan lo más ignorantes… por mucho que hablen del amor y justicia divina…

jueves, 29 de diciembre de 2011

Eternamente encadenada...

Intentaba estudiar en medio de la biblioteca, pero tenía los ojos inyectados de razones. Los reglones se justificaban a sí mismo por el hermetismo de su cuerpo, y el resto, se evaporaba por ausencia. El escalofrío de la duda pasaba las páginas: huir antes del veredicto… el optimismo de la negación… el silencio que coloniza espacios vetados a la tristeza… vanas ilusiones… Y en el fondo y a pesar del delirio, ella sabía lo que iba a suceder; que su primera palabra palidecería en el hálito estrangulado de la impresión, al albor de la aproximación; en ese pequeño instante que se desperdicia en un minuto… Porque en realidad era consciente del objeto sumergido en el centro de su herida… y de todo lo demás, de todo aquello que no podía más que musitar para intercambiar su tiempo…

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Lágrima de actriz...

Cuando la interpretación se desangra de inmortalidad al arrullo del eco ditirambo de los aplausos… La afonía de una diva vomitando mutismo… Una mujer perdida entre bastidores… Un incendio de focos quemando el epílogo del guión… La actriz redescubriendo su penumbra en el último espejo; en el lugar adonde siempre se regresa para volver a palpar la vida, esa rizada textura de áspera mirada que inflama las voces de la introspección… O tal vez no… y de ahí que el telón quede suspendido entre la representación y el fracaso personal… Y todo ocurre a escasos metros de la ficción y la realidad…

martes, 27 de diciembre de 2011

Abstracto...

(Arte) El flemático fraseo de un guitarrista alcanzando el cénit de la curvatura, de la pincelada abducida por el lienzo sonriente situado en la otredad del bullicio; allí donde la distinción social no rasga el parqué con sus uñas; en la penumbra del silencio y con ojos diletantes de belleza mirando por la mirilla de la interpretación… en ese pequeño espacio donde tan sólo cabe una llave y la metamorfosis de un gesto, forma e imagen absueltas de la hilaridad derramada por las copas de champagne…

viernes, 23 de diciembre de 2011

Las preocupaciones del joven Q (6)

“Vivir en sí” era el modelo que había llevado toda su vida; incluso a pesar de esa inquietud latente (de la que ya he hablado anteriormente). Vivir atrapado en la inercia de la cotidianeidad; en los límites de su pensamiento psicosocial; en la inconsciencia de comprender la diferencia entre el tiempo biológico y el tiempo existencial… “Vivir para sí” fue el rótulo que logró atisbar aquel día de la humillación… El joven Q inició su nueva andadura intentando descifrar los códigos del “vivir para sí”; y para ello comenzó por plantearse algunas preguntas como: 1) ¿Quién soy?; 2) ¿Qué he hecho por mí mismo?; 3) ¿A dónde quiero llegar y de qué forma?...

jueves, 22 de diciembre de 2011

Las preocupaciones del joven Q (5)

El joven Q asumió la condición de su insignificancia existencial. Probablemente aquel encuentro aunó en una encrucijada única determinadas predisposiciones antinómicas de difícil consenso. En un proceso de absoluta desnudez: 1) Ser humillado y aceptarlo como “necesidad” agridulce; 2) Reconocer el pobre bagaje mental, y no caer en subterfugios distorsionadores de la autopercepción; 3) No derivar en la deformación mental del valor como persona, sino el valor del individuo como creador de su propio espacio y tiempo. Después de aquella noche, el joven Q comprendió que había dos formas de vivir: a) “vivir en sí”; b) “vivir para sí”…

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Las preocupaciones del joven Q (4)

Tal vez la destrucción del ego opera en determinados casos cuando se alinean dos propuestas parecidas. Aunque en el caso del joven Q tal propuesta no existía de forma consciente. Es decir, la humillación recibida a través del ámbito intelectual y la extravagancia de la experiencia coadyuvó a revelar aquel inconformismo latente inyectado en su interior; y lo hizo de tres formas: 1) A través del conocimiento, y éste a su vez, como plasmación de otras realidades; 2) La narración de sucesos, impensables e inimaginables para su propia vida; 3) La dominación dialéctica mediante la agudeza de la reflexión improvisada. El joven Q pudo ser indolente ante la avalancha que le venía encima; como también pudo autoengañarse y mostrar otros ámbitos identitarios para contrarrestar la situación. Sin embargo, sufrió aquel encuentro de la primera hasta la última palabra porque a medida que iba viendo lo que no era (como una imagen que se borrando a través de un espejo), descubría los espacios vacíos de su inconformismo… Es aquí donde la cuota de poder de su pensamiento psicosocial quedó puesta entredicho…

martes, 20 de diciembre de 2011

Las preocupaciones del joven Q (3)

Es sorprendente como interpreta las cosas la mente humana. De solamente tener conciencia de la identidad perdida se puede pasar a la ciencia de la finitud individual con respecto a los demás. El joven Q fue humillado por un antiguo amigo que después de muchos años sin verse aprovechó el encuentro para dejar claro el valor del tiempo en las personas. Algo así como: “Mira que he hecho en estos años, y mira lo que eres tú”. En otras palabras, fue un menosprecio basado en el acopio de experiencia intelectual y en determinadas experiencias vividas in situ. Probablemente si el joven Q hubiera seguido siendo deportista, aquella confrontación no hubiese terminado así. Quizás no le hubiera dado tanta importancia al hecho de llevar una vida distinta; o quizás se hubiera refugiado en su identidad, con una mezcla de autoengaño y conciencia… Tampoco podemos olvidar que el joven Q tenía una vena inconformista. La pregunta es: ¿Por qué el joven Q le dio tanta importancia, “para sí mismo”, al resultado de ese encuentro?

viernes, 16 de diciembre de 2011

Las preocupaciones del joven Q (2)

… Para el joven Q carecer de futuro significaba no encontrar un lugar donde expresarse. A pesar de vivir en la mentira, entre las expectativas de los demás y la estrechez de su pensamiento (psicosocial), tenía al menos un sentido vital. Cuando no pudo seguir desarrollando su actividad, y en medio de la depresión, el joven Q sobrevivía suspendido en una especie de “anomia” existencial. Ni siquiera era consciente que debía construir una identidad: lo supo más tarde, después de una mala experiencia. Muchas veces la identidad aparece sobre la práctica de la vida cotidiana; pero en su caso, esa identidad estaba focalizada en su condición de deportista, es decir, sujeto al presente o a la gloria, pero jamás como un vínculo indestructible con el tiempo biológico. Un deportista “acabado” por sus lesiones, y que no sabía hacer otra cosa (Me permito decir que una identidad es fundamental para la autoestima. Nos dota de una ubicación y de un sentido, mediante el cual podemos medirnos en el entramado social). El joven Q comprendió los principios fundamentales de la autoestima a través de la humillación… con el más sutil de los menosprecios…

jueves, 15 de diciembre de 2011

Las preocupaciones del joven Q (1)

A los veintiún años el joven Q tuvo una crisis existencial muy aguda. Digamos que estaba situado en medio de un conjunto de elementos muy dispersos. Había llegado hasta esa edad cumpliendo con las expectativas que los demás tenían de él; y al mismo tiempo, eligiendo las opciones que dentro de su socialización podía elegir. Es decir, estaba atrapado tanto en la interacción simbólica como en el sistema de pensamiento. Aunque a todo esto habría que añadirle una cierta inquietud; un determinado inconformismo, tanto por lo que hacía como por lo que no… El joven Q era el ejemplo claro de la división interna que la mayoría de los individuos albergaba (y alberga) en su personalidad: lo que se intuye; lo que se piensa como medida unívoca de la realidad; lo que se acepta por comodidad o debilidad; lo que se desea hacer; etc.… Sin embargo, el joven Q presentaba más dificultades aún puesto que carecía de futuro; y no me refiero al futuro laboral solamente, sino a un modelo ideal de vivir. Destruido su pasado por razones que sutilmente contaré más adelante, se vio sometido a un enorme vacío identitario…

miércoles, 14 de diciembre de 2011

La ausencia de Dios (2 de 2)

… Es decir, si cada persona que afirma tener un encuentro con él, contara su experiencia, Dios se dispersaría como unidad. A pesar de hipotética dispersión, ¿qué fija a cada uno a hablar de Dios como una misma cosa a priori? Pues probablemente la idea que a grandes rasgos se tiene de su figura; y que no proviene de la introspección sino de una supuesta revelación en tiempos remotos. Así pues, si la experiencia subjetiva fuera previa al concepto Dios, no existiría tal experiencia. La condición previa de un creyente para hablar en esos términos está fijada de antemano por el esbozo general que la propia religión ya ha presentado en un marco común. Dicho esto, llamaré a este fenómeno “somatismo teológico”… P. D. Otra cuestión diferente sería que todos tuviéramos esa experiencia a la misma vez y sin conceptos previos. Lo cual conllevaría una fase previa de interpretación y legitimación…

martes, 13 de diciembre de 2011

La chica de Montaña Guajara...

El aire se agitaba en un batir de alas con olor a libertad; y se fundía con el paisaje, produciendo una ósmosis visual de tonalidades, cuyo efecto posterior resucitaba desde lo más profundo de la situación. Su mirada se enjuagaba entre las lágrimas secas ateridas por el pecado de la expresión. Aún así, era una mirada que bajo la curvatura del silencio estaba rellena de emoción. Y es probable que ni ella misma supiera con exactitud los motivos y el alcance de aquel estado de cosas… La chica de Montaña Guajara rompía con los grilletes de su pasado y nadie podía observarlo excepto las hirsutas aristas de las rocas talladas en el fondo de sus preciosos ojos; como muescas del tiempo; como vetas secuestradas para la plasmación de un rito de paso… … y a cada paso que daba sobre el árido y polvoriento camino, retumbaba un destello de felicidad…

lunes, 12 de diciembre de 2011

La ausencia de Dios (1 de 2)

La ausencia de Dios me inquita por varios motivos. Uno de ellos es el método introspectivo como forma íntima de “ver” y “llegar” a Dios. Muchos de esos creyentes dicen que sienten a Dios o que hablan con él… Digamos que la Revelación divina se ha transformado en ellos en un asunto a la medida de sus necesidades particulares; pero al mismo tiempo defienden la existencia de un Dios general y común para todos los creyentes. Me sorprende cómo constatan la veracidad de la existencia de Dios a través de la subjetividad. Ante la imposibilidad de demostrar su existencia en un espacio común y visible para todos, Dios no aparece a través del sentido de la vista, ni de los oídos, ni del tacto, sino que emerge de la introspección tras el lenguaje y la socialización religiosa previa… Ahora bien, si Dios se establece como la suma de las introspecciones, probablemente no tendría un carácter muy unitario, tal y como se nos vende…

sábado, 10 de diciembre de 2011

M de Morandeira (4 de 4)

Añoro sus palabras, su dulzura; añoro su inteligencia, los momentos vividos… pero no la añoro como parte sustraída de mi incompleta vida. No la añoro por mi inmadurez o mi necesidad; la añoro por ella misma, por lo que me aportaba. Así que aquí va la primera conclusión: añorar no tiene porque ser un sentimiento roto. Además, estaría negando mi propia evolución como individuo. De lo cual se deduce que mi historia con M de Morandeira está superada… Además, siempre estaré en deuda con ella por la gran aportación que hizo a mi vida, y en especial a mi percepción afectiva. En conclusión, su huella permanece como un rastro indeleble; pero sus pisadas son cada vez más lejanas para mi cansada vista en un perpetuo devenir… No puedo responder a la pregunta: ¿Cómo será M de Morandeira después de tantos años? Sí… quizás esa pregunta sea mi única respuesta…

viernes, 9 de diciembre de 2011

M de Morandeira (3 de 4)

… Ahora, que han pasado muchos años, me pregunto qué tipo de sentimientos albergo en mi interior: ¿Mitificación? ¿Añoranza? ¿Incapacidad para superarlo? ¿Gratitud?; ¿Si volviera a tener otra oportunidad, la intentaría aprovechar? Debo reconocer una cosa de antemano: Nuestras historia siempre ha estado inconclusa. Una historia inconclusa duerme en las entrañas de Prometeo… Es decir, la propia conjetura ha alimentado la llama de la curiosidad durante años. El hecho de no habernos agotado en una relación ha dejado intacta su figura en mi retrospección. Lo cual no significa que la esté mitificando. Contrariamente o no, me perdí lo mejor de M de Morandeira… Así pues, descartada la mitificación me pregunto si la añoro… Debo admitir que sí, aunque en un sentido distinto…

jueves, 8 de diciembre de 2011

M de Morandeira (2 de 4)

… El primer amor no el primer sentimiento proyectado hacia una persona, sino el primer sentimiento que nos acompaña durante el resto de nuestra vida; cuya vinculación con las demás experiencias es imperecedero, En otras palabras, el rastro del primer amor jamás se borra porque nos fija en el tiempo como condición de lo que somos; como medida de todas las cosas, o mejor dicho, como medida de nuestras cosas. M de Morandeira fue esa persona. Sin darme cuenta la he buscado en otras mujeres, y no porque concientemente la buscara a ella, sino porque era mi musa sentimental; el molde de mujer que de forma latente proyectaba sobre el resto de la realidad. Todo cuanto ha sucedido en mi vida ulteriormente tiene la parte alícuota de M de Morandeira…

miércoles, 7 de diciembre de 2011

M de Morandeira (1 de 4)

… Jamás podré olvidar a M de Morandeira por todo cuanto aconteció en mi vida posteriormente. Debo decir admitir aquí sin ningún atisbo de duda que fue mi primer amor; la mujer que con mi proto-conciencia de adulto logró recortar del universo de posibilidades el patrón de mujer, que sin tenerlo muy claro, andaba buscando. M de Morandeira fue mucho más que un encuentro fortuito en mi vida; digamos que constituyó la fijación de un tiempo sobre la temporalidad del devenir. Un tiempo coagulado en torno a una mirada. Tal vez sea difícil de explicar, lo sé… en otras palabras, ella cinceló un punto de separación entre mi pasado y mi futuro, estableciendo un presente tan efímero como profundo. M de Morandeira fue la bisagra que separó y unificó a la misma vez lo que estaba dejando de ser y lo que quería ser…

lunes, 5 de diciembre de 2011

La sombra...

El hálito virulento en la nuca de una mujer… El dibujo de un beso enredándose entre las manos del contorsionista… Vivir dos veces y ninguna al mismo tiempo… El subterfugio de un guión… El último fracaso de un mimo… El pragmatismo de los actos plasmados sobre una pared… El sentimiento inefable… Un músico esparcido por la piel de una ciudad… El jadeo de un ladrón atrapado por un haz de luz… El suicida que tiene miedo de sí mismo… El resplandor de una farola ondeando sobre las hirsutas aguas de un río… El arrepentimiento danzando en la duermevela de una pesadilla… Introspección…

sábado, 3 de diciembre de 2011

Desafinado...

La diva de lágrimas acristaladas, sentada sobre el arcón de sus recuerdos… Un sombrero de copa enterrado en la arena… El burdo narcisismo de un despechado en medio de una verbena… El ropero de una discoteca exudando naftalina… El pañuelo raído de una gentleman en el hall de un prostíbulo… Las palabras ensordecidas de un poeta, tras el rastro de unos tacones lejanos… Un músico enfrentado a su espejo… La “magua” como epitafio de un souvenirs… El tatuaje escatológico de un hortelano…

viernes, 2 de diciembre de 2011

El matiz...

El cielo enmudeciendo entre las tonalidades marmóreas durante la tarde más insospechada… Amanda mirando por la ventana, le dijo a su novio: “No es cierto, te quiero a mi manera, pero te quiero”… La escotadura supraesternal naufragando en la inmensidad de un cuerpo de mujer… Roberto no sabía cómo decirle a Lorena que “se podía tener todas las virtudes y al mismo tiempo carecer de lo más importante”… Una carta regresando sobre sus palabras en la boca de un buzón… La nervadura reversible de una mano en una despedida… dudar…

jueves, 1 de diciembre de 2011

Ostracismo,,,

Cuando falleció el viejo escritor todos los medios de comunicación se agolparon en la puerta de su casa. “Ha muerto el mejor escritor del siglo XX” o “Con Julio acaba una época gloriosa de la literatura”, eran titulares que estilaban para la portada de los periódicos del día siguiente.

Sin embargo, lo curioso del asunto no estaba en ese desgraciado acontecimiento, ni en el revuelo que se formó después, sino en la importancia de la noticia. Julio C. había pasado los últimos quince años de su vida en el ostracismo. Su manera de escribir a medio camino entre la prosa y la poesía, fue quedando relegada con el paso del tiempo hasta situarse en un segundo plano. La sociedad cambiaba vertiginosamente hacia otro tipo de preocupación; o más bien “despreocupaciones”. Sus palabras se convirtieron en conceptos crípticos que casi nadie entendía o quería entender. Sus ideas existenciales consideradas otrora de culto, se transformaron en metáforas ininteligibles. Julio C. quedó atrapado en el pasado; relegado a la inexistencia por todos los ámbitos de la sociedad.

Julio C. pasaría a la inmortalidad perentoria de unos días; es decir, en el tiempo válido en el que una noticia conseguía como noticia sensacionalista generar la expectación acorde a la época… Aún así, poca gente supo quién había sido Julio C.; lloraban o se lamentaban… porque era necesario…