viernes 3 de febrero de 2012

Pensamientos de un escritor (12)


2) “La perspectiva de la deconstrucción

E. tiene un largo bagaje al respecto de este tipo de experiencias; aunque eso no significa que no pueda equivocarse. E. plantea las cosas de otra manera: E. piensa que hay dos maneras para llegar a hablar con una mujer que gusta físicamente: 1) Directamente, con o sin excusas; 2) Tener la posibilidad de conocerla en un contexto donde hay más personas en común. La primera se define por sus intereses: el físico. No hay aproximación accidental o circunstancial. El primer motivo es la elección física; pero la elección física, no como un pre-requisito para desarrollar el campo de lo simbólico, sino como un fin en sí mismo. Lo simbólico es el medio, el acceso que mitiga y solapa la brusquedad de los intereses sexuales. Son tres actos: busca-valora-accede. El hombre no se acerca a una mujer para comprobar si es interesante porque si no, tendría acercarse a todas. Y tampoco se acerca para ver si es interesante tras comprobar que el físico no sería un problema, porque entonces su discurso no se desarrollaría sobre los halagos y las certezas (hacia S.) sino sobre los descubrimientos extraídos en temas impersonales. No es la conversación y S., sino S. a través de la conversación; y ésta derivada hacia el halago metódico en un proceso de “descubrimiento improvisado” Aquí radica la distorsión de S., pues ella no sabe distinguir entre un discurso ocasional y un discurso deliberado. Sus necesidades psico-simbólicas tienen un correlato en las moderadas palabras de P. Y tampoco S. estima aquel encuentro como un juego de sensualidad pasajero que terminaría al igual que la noche. S. piensa que es el inicio de algo bonito… S. carece de la filosofía de la sospecha. Aún peor es el no comprender el orden secuencial de las palabras. El intercambio de significados fluye como notas musicales esperando su momento. La palabra equivocada rompe la naturalidad del tiempo de aproximación. En cualquier caso, si S. desea contemplar su efímera felicidad como “aquella noche maravillosa”, está en su legítimo derecho. El problema no radica en tener por verdad una experiencia, el problema está en que S. desea prolongar ese encuentro en días y semanas posteriores. S. piensa que P. es así, y no lo es… P. tiene una notable habilidad para sofisticar sus necesidades “perentorias”.

E. es de la opinión de intentar saber captar a las personas en sus límites psico-existenciales. Aunque no nos demos cuenta, cada uno de nosotros lleva un registro vital, tanto de lo que podemos expresar, como de lo que no. E. piensa que es más importante, incluso, comprender lo que las personas no pueden decirnos. Cuando los tópicos se disfrazan de ideas, la distorsión puede ser muy grande; en cambio, la creatividad de una opinión despojada de moralismos y razones evidentes, requiere poseer un cierto bagaje… Y también el discurso expresado tiene sus vacíos si se hacen las preguntas adecuadas. La mezcla de ambas formas de buscar la verdad proporciona una visión global de la persona… E. piensa que las sensaciones tienen que tener su conexión con lo que casi con seguridad no variará en el tiempo… S. sentía, pero si S. le hubiera preguntado la razón subyacente a P., o éste le hubiera confesado lo que en primera y última instancia deseaba, a lo mejor la “pantalla de la fantasía” se hubiera caído en golpe.

Sé que la magnífica S. podría defender la vivencia por sí misma; pero tal vez E. solamente aceptaría esa versión si ella es capaz de reconocerle que el momento de gloria no tenía más trasfondo que el dejarse llevar por la parodia de un gran encuentro. ¿Un simulacro? ¿Un autoengaño? ¿Un dejarse llevar en el fondo de una fotografía? ¿Una ceguera circunstancial? Lo cierto es que toda vinculación de esa noche con algo más profundo y duradero carece de visión o carece de sinceridad… Y a pesar de todo, sus sentimientos sí fueron reales al borde de la barra de un bar… 

jueves 2 de febrero de 2012

Pensamientos de un escritor (11)


“Percepción” (1 de 2)

Durante estos días me ha llamado la atención la problemática de las sensaciones que pueden producirse durante una noche; y más concretamente en la primera toma de contacto. Voy a plantear aquí dos perspectiva, la que no defiendo y mi postura:

1) “Perspectiva de las impresiones

Groso modo la perspectiva de las impresiones se puede sintetizar en: S. (mujer) y P. (Hombre) coinciden en un local. Hay atracción física, lo cual elimina la brusquedad de la primera toma de contacto. ¿Por qué S. y P. han iniciado una simple aproximación? ¿Acaso se vieron envueltos en una conversación con terceras personas? ¿Acaso la primera palabra de P. era tan sutil como no poder caer en ese juego? ¡No! P. y S. llevan incorporados un historial de anhelos y deseos. S. necesita palabras, necesita sensualidad, necesita algo que se asemeje al amor, necesita sexo con la cadencia de una caricia. S. no está sola; es ella y su corolario de circunstancias interiores, que al fin y al cabo es lo que le conduce a tener predisposición en un contexto forzado. P., por su parte, también tiene su elenco de necesidades. Desea acostarse con una mujer; desea tener un amante; desea muchas cosas relacionadas con su cuerpo (¿desea enamorarse?). La recíproca aproximación contiene un desigual acercamiento cronológico y motivacional. El primer paso lo da P.; y lo da porque le gusta físicamente S. ¿Es tan fuerte el impulso de la belleza de S. como para no poder evitar acercarse? ¿Sería S. la única mujer atractiva en aquel local, según el criterio de P? ¿Sería a la única a la que le hubiera dicho algo en caso de fracasar? ¿Tendría la brutal certeza que detrás de ese físico, al igual que cualquier otro físico allí presente, se escondía la mujer de sus sueños?

Mi postura sobre esta perspectiva: 1) P. quiere ligar y se siente atraído por la joven S.; 2) S. no quiere ligar, sino encontrar. Y para encontrar, primero hay que abrirse al ofrecimiento…; 3) P. percibe que ha proto-ligado, y el siguiente paso consiste en desplegar lo mejor de él; 4) S. comienza a sentirse atraída por P.; percibe que casi todo lo que habla y toca es maravilloso; 5) El juego de la sensualidad se retroalimenta recíprocamente. Dicho esto, paremos las secuencias en este punto: ¿Cuál es la diferencia entre buscar y encontrar? S. busca encontrar. Anhela expresar su psico-simbolismo en alguien que le transmita poesía. P. busca consumar, y si para consumar necesita desplegar sus dotes intelectivas, lo hace. P. desea derramar su psico-organismo. Probablemente P. hubiera elegido a otra S. si hubiese fracasado. P. es metódico y deliberado… con la mitad de lo que le hubiera dado S., se hubiera conformado para sus propósitos. En cambio S., se deleita por el discurso de P. Un discurso frágil y sin gran vinculación con la identidad de P. Un discurso bien planteado con la verosimilitud adecuada para ser creíble. Un discurso plano y sin ramificaciones. S. se abraza a las bellas palabras de P. por su inexperiencia. No es capaz de transcender a la lógica del contexto y la lógica del discurso, porque P. la hace cómplice de su vida. S. se siente valorada en la misma proporción de lo que desea transmitir. S. vive el momento con gran pasión. Posteriormente, S. tiene varios encuentros con P., pero ya la poética ha derivado en lo pragmático. El interés real se desnuda y no se sonroja… S. no logra ensamblar los diferentes discursos; al contrario, la primera impresión “justifica” el segundo y tercer encuentro… S. defiende la postura de vivir en medio de las impresiones momentáneas como si todo hubiera sido real entre ambos…

2) “Perspectiva de la deconstrucción” (Continúa) 

miércoles 1 de febrero de 2012

Pensamientos de un escritor (10)


"La mirada, el dibujo y los sentimientos" (2 de 2)

Z. y yo no somos ni amantes ni pareja, pero somos más que eso porque no tenemos ningún tipo de restricción intelectual, sentimental o sexual. Quedamos una tarde en su casa porque nos apetece redescubrirnos… Una vez allí iba a sugerirle ver una película en el sofá, bien acurrucados, pero compruebo que su rostro cambia de tonalidades con el efecto de la luz que entra por la ventana de la cocina. Me sacude un brutal deseo por tocar su piel; toda la piel de su cuerpo… Le pido que se desnude y que se suba a la mesa que tiene al lado; y que adopte, una vez despojada de toda la ropa, la postura más sensual según su criterio (mientras voy a buscar un bolígrafo). Luego aparezco y la contemplo: Z. no existe… un abanico de luces, sombras, oquedades y curvas sinuosas me embriagan. Y siento la necesidad de escribir una palabra en cada recoveco que me llama la atención. A los diez minutos Z. está “tatuada”. Después, con un dedo voy rozando todo su cuerpo, buscando su deseo silente… Le pido una frase a cada mota de placer, y las voy copiando. Acto seguido soy yo el que se desnuda, y le entrego todas las frases; y le pido que recuerde con el tacto cada lugar de excitación. Z. reproduce en mi cuerpo su propio deseo; y al mismo tiempo la extensión de su deseo alcanza mi deseo hacia ella. Entonces, llega el momento en el que puedo escribir el recorrido existente entre la sensualidad y el pos-erotismo desde la conjunción de dos cuerpos y dos mentes en estado de absoluta complicidad…

(Indudablemente terminamos haciendo el amor una vez que la poesía en prosa estuvo terminada… pero eso es otro dibujo que no describiré…)

martes 31 de enero de 2012

Pensamientos de un escritor (9)


“La mirada, el dibujo y los sentimientos” (1 de 2)

Cuando la mirada se despliega a través de nosotros, la percepción se reordena con otros parámetros; tanto visual como mentalmente, en un juego recurrente de retroalimentaciones… De todo esto surgen diferentes perspectivas, según sea el camino seguido por el individuo con la mirada transformada… Propondré una “visión” personal, introspectiva narrativa:

“Deseo vivir como pienso, no como el mundo se abre a mi percepción, con sus valores y sus sentimientos prefijados. Quiero dibujar mi propio espacio haciendo de la realidad la materia prima de mi poesía. No podré cambiar las condiciones innatas del hombre felicidad/tristeza, pero sí podré distribuirlas de otra forma; sobre todo la felicidad. Y para ello es necesario crear los motivos, otrora inexistentes en la experiencia cotidiana. Mi primer dibujo será un simple encuentro con una mujer… Z. y yo no somos ni amantes ni pareja, pero somos más que eso porque no tenemos ningún tipo de restricción intelectual, sentimental o sexual. Quedamos una tarde en su casa porque nos apetece redescubrirnos… Una vez allí iba a sugerirle ver una película en el sofá, bien acurrucados, pero compruebo que su rostro cambia de tonalidades con el efecto de la luz que entra por la ventana de la cocina. Me sacude un brutal deseo por tocar su piel; toda la piel de su cuerpo… Le pido que se desnude y que… (Continúa)

lunes 30 de enero de 2012

Pensamientos de un escritor (8)


Deseo hacer una breve estructura de LA MIRADA:

(“Confesiones de un burgués”, de Sándor Márai)

“El populacho de Montparnasse celebraba la vida como lo celebran en las calles de El Cairo o de Damasco después del mes de ramadán, en la víspera de las fiestas del Bajram, al atardecer; era un populacho constituido por la triste elite mundial, lo mejor y lo peor, prostitutas y genios, grandes artistas y carteristas, filósofos y ladrones, poeta y vendedores ambulantes, cazadores de ballenas y fundadores de ciudades…”

(Mi re-interpretación)

“Las calles se abrían sobre una alfombra de especias. En la esquina el viejo Jean apuraba su último cuadro a unos japoneses que no paraban de sonreír y de agitar la cabeza al ritmo inconsciente del cambullonero, en su eterno cometido por dejar constancia de su presencia. Mientras tanto, una joven de ojos negros hacía de Sarah Bernhardt delante de sus amigas en la pequeña plaza; y un grupo de estudiantes discutía sobre Husserl en medio de la acera y ante el desconcierto varias burguesas que temían por la vida de sus mascotas…”

(La síntesis: Dibujar un esbozo de idealismo. La mirada como pre-realidad)

“Después de todo, la ciudad no era más que el mito de unos cuantos turistas, y el escondite de ciertos artistas escondidos en la apología de sus respectivos fracasos. Lo demás, podía resumirse en un panegírico del pasado ante la falta de perspectiva en el presente… Lo cual no me impedía que aquella mañana me parara delante de un anticuario y de repente del escaparate saliera la imagen de una mujer sentada a mi espalda. Lo fácil hubiera sido comprobar su físico; y también observar si estaba leyendo alguna obra de algún autor de prestigio. Todo eso me interesaba, pero al mismo tiempo me daba igual. Y tenía claro que la probabilidad de que me llegase a gustar era muy pequeña (¡qué dolor las auto-exigencias!) Mi interés se centraba únicamente en su forma de mirar. Desde el primer momento me enamoré de su forma de mirar. ¿A dónde miraba? ¿Qué estaba pensando? ¿Qué problema o recuerdo pasaba por su mente? ¿Qué objeto se vislumbraba ante sus ojos? Jamás lo sabré. Tan sólo puedo añadir que aquella conjunción estética me ha acompañado a lo largo de mi vida. Y no me pidáis explicaciones de la razón; todo está en lo que he escrito hasta el momento…”

domingo 29 de enero de 2012

Pensamientos de un escritor (7)


“Leer y la Mirada”

Sería desmedido señalar que leer es la única fuente “de la vida y de la muerte”. Tal vez sí pueda decir que sí fue mi primera ventana hacia el mundo; y a través de aquí el resto de cosas se desarrollaron progresivamente. Y quizás la pregunta siempre está presente, incluso para mí mismo: ¿Por qué?

Es complicado poder expresarlo, como también entenderlo; pero lo intentaré hablando la palabra clave: LA MIRADA. Cuando leemos a un buen escritor nos deleitamos en el silencio con situaciones que no aparecen en nuestras vidas. Situaciones ficticias, pero factibles… Es decir, el escritor nos permite observar el mundo a través de su pensamiento. Ahí se produce el primer desbarajuste: nuestra realidad se deforma irreversiblemente; es arrastrada a un campo desconocido que nos encanta. Podemos llamarlo de la manera que queramos: flechazo, impulso, pasión… Nada puede ser lo mismo ya, aunque eso solamente lo podemos saber cuando pasamos mucho tiempo observando desde una posición privilegiada. Digamos que la belleza de las cosas en su nueva forma se despliega sobre nuestra proto-condición. Mirar se reconvierte en un pasadizo del cual no podemos regresar de la misma forma. Caminamos a través de la huella de los predecesores, que nos guía y nos transforma involuntariamente en otra cosa; con todo el poder que tienen para dañarnos, para metamorfosearnos y recolocarnos en el punto de partida de nuestra futura MIRADA. Dicha mirada se aloja en nuestra percepción y nos convierte en exploradores de la existencia. Lo recibido y lo creado se coagulan en torno al ojo que va redescubrir continuamente la otredad de la realidad. Herencia y expresión, influencia y creatividad, lo viejo y lo nuevo… nada volverá a ser lo mismo…

sábado 28 de enero de 2012

Pensamientos de un escritor (6)

"Leer y morir"

Leer entraña un excelso universo de posibilidades. Deseo hablar aquí de una problemática un tanto poética e incierta. Para empezar, maldigo la frase “leer es vivir dos veces”, aunque en una parte estoy de acuerdo. Es cierto que leer nos desplaza hacia otras existencias imaginarias que perfectamente podrían sintetizarse en “la otra vida”. Pero también es cierto, que el hecho de tener conciencia de otras existencias retroalimentan la propia vida real. Y lo hace de forma cruel. Te agudiza la mirada; una mirada que se alarga y se distancia, y se retuerce mirando hacia atrás para deformar lo que deja en medio. Lo que somos y lo que podemos ser llegan a un punto de contradicción a través de la lectura. Por eso, para mí leer tiene (o ha tenido) otra perspectiva. Realmente no significa que viva dos veces, sino que no haya vivido ninguna vez, pues por un lado, me sitúa al borde de retazos de vida que a mi manera desearía experimentar. Y por otro lado, y precisamente por esa toma de conciencia, me sitúa (y me ha situado) en la pre-existencia de mi propia vida. Ni siquiera es arrepentimiento lo que podría sentirse; es algo diferente, que denominaré vacío retrospectivo. Leer tiene la fuerza suficiente para clavarte en el pecho esta pregunta: ¿Quién eres? Y al mismo tiempo te asfixia sobre la superficie de un prisma a modo de turista intelectivo, y te pregunta: ¿Qué tal te parece el paisaje? Deseo renegar de esa frase, y sustituirla por otra menos poética y más real: “Leer nos destruye lentamente”